Sida (VIH), Biblia y el condón

El VIH/sida, la Biblia y el condón EL arzobispo de México está muy enojado, o por lo menos el vocero de la Arquidiócesis, Hugo Valdemar. El motivo es la campaña titulada: “Por la vida de las y los jóvenes, una prevención integral del VIH”, que se basa en material tomado del Cantar de los cantares, de la Biblia. Tres tipos de carteles se han colocado esta semana en el Metro de la Ciudad de México. Los mensajes son, sin embargo, para la Arquidiócesis verdaderamente irreverentes y una “manipulación grosera de la Biblia”. Sin embargo, a decir verdad, lo que allí se dice es literal y sacado directamente de los textos sagrados. Uno de ellos, por ejemplo, dice: “Debajo de tu lengua se encuentra leche y miel”. Luego, las “Católicas por el derecho a decidir” agregan en los carteles: “Disfrutar no es pecado, arriesgar tu vida y la de tu pareja sí lo es. Protégete del VIH y el Sida. Usa condón”. Desde mi punto de vista el mensaje es impecable. Me parece incluso que las “Católicas por el derecho a decidir” se quedaron cortas, pues el Cantar de los cantares da para mucho más. Que luego hagan un llamado a las y los jóvenes a ser responsables y usar el condón, me parece no sólo loable, sino sumamente aconsejable. En el contexto actual, con miles de infectados por esta terrible enfermedad, que una organización católica llame a las y los jóvenes a disfrutar del amor, pero a hacerlo con cuidado y responsabilidad, es un gran paso adelante en la educación sexual, pero sobre todo en la eliminación del sentimiento de vergüenza que la Iglesia ha querido infundir a las relaciones amorosas y sexuales. Las católicas están probando, con estos mensajes altamente efectivos, que no es así. La Biblia nos enseña a amar y no sólo platónicamente. Las católicas lo único que están agregando es que además de amar hay que hacerlo responsablemente. Dice mi Biblia, que hizo el favor de regalarme el director de la Sociedad Bíblica de México, que el Cantar de los cantares “es un poema distribuido en estrofas, en las que, alternativamente, dos enamorados manifiestan sus recíprocos sentimientos en un lenguaje apasionado, de alto nivel literario y brillante colorido.” Se agrega: “Todo en este poema cuajado de símiles y espléndidas metáforas se orienta a la exaltación del amor entre el hombre y la mujer, de esa irresistible y mutua atracción que inspira las palabras y determina las actitudes de los enamorados. En Cantares, el esposo mira a la esposa como a un dechado de perfecciones, la contempla a través del cristal de cuanto él tiene por más apetecible, sea viña o fuente, jardín o ‘nardo y azafrán’. La belleza de los enamorados y las delicias del amor son como los frutos de la tierra, los lirios, el vino, la leche o el panal de miel”. Así, por ejemplo, ella dice de él: “Mi amado es para mí un saquito de mirra que reposa entre mis pechos”. Luego dice: “Como un manzano entre árboles silvestres, es mi amado entre los jóvenes. A su sombra deseada me senté y su fruto fue dulce a mi paladar. Me llevó a la sala de banquetes y tendió sobre mí la bandera de su amor”. Y él dice: “Tus dos pechos, como gemelos de gacela, que se pacientan entre lirios. Mientras despunta el día y huyen las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso”. Impecable, diría yo. Dijo el vocero, como para disculparse de su oposición al condón, que la Iglesia católica, a escala mundial, es una de las instituciones que más contribuye para ayudar a los enfermos con VIH/sida, con medicamentos. Muy cierto. Sin embargo, lo que muchos quisiéramos no es que la Iglesia ayude a curar a los enfermos de sida, sino que contribuya a prevenir que la gente se contagie con ese virus, desarrollando luego el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Y está probado que el condón es una de las armas más efectivas para combatirlo y evitar la epidemia. Porque proponer la abstinencia es precisamente querer apagar el amor y la pasión que la propia Biblia consigna en el Cantar de los cantares. Pero hay algo más detrás de la furia del arzobispado contra estos carteles: es la idea que nadie puede interpretar la Biblia, más que el clero católico. Como si los sacerdotes tuvieran el privilegio exclusivo de la interpretación y nadie, más que ellos, pudiera conocer, tratar de entender o interpretar los textos sagrados. Lo que las “Católicas por el derecho a decidir” han hecho es simplemente usar su derecho a sacar conclusiones propias: chavos, disfruten del amor, que no es pecado, pero tengan cuidado y usen condón, porque hasta de amor se muere. ¿Cómo se puede hablar de cultura de la vida si, impidiendo el uso del condón, se condena a morir a tantos jóvenes? Pero al arzobispado no le gusta que promuevan con la Biblia el uso del condón, y argumenta, con una verdad de Perogrullo, que en ninguna parte de ésta se habla del condón. Pues no, realmente no, como tampoco se habla de las pastillas anticonceptivas o de la anticoncepción de emergencia. Y sin embargo, eso no debe ser impedimento para que los creyentes la lean y saquen sus propias conclusiones. Porque si es cierto que la Biblia no habla del condón, tampoco se entiende la razón por la cual la Santa Sede ha querido prohibir su uso. Es decir, siguiendo la lógica del vocero, si la Biblia no habla del condón, luego entonces la Biblia tampoco prohíbe su uso. Colmex.mx

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